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Código civil de Chile 3ª edición anotada, concordada y con fuentes

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Existe una tradición científica de más o menos dos mil años que intenta resolver buena parte de los problemas de la humanidad a través de reglas racionales extraídas del pensamiento de juristas. Es debatible si es que empieza efectivamente con Servio Sulpicio y su reducir el Derecho a un arte, o tal vez antes o después, poco importa. El punto es que hay veinte siglos de personas inteligentes que meditan en torno a unos mismos problemas, que llegan a ciertas conclusiones y cuyas ideas son analizadas una y otra vez por las mejores mentes de cada generación. El resultado de ese destilar conocimiento por milenios es lo que llamamos tradición, y de ella nace la dogmática que inspira al Código Civil.
Nuestro texto fue escrito por un hombre inteligente, que voló alto con las alas forjadas por esta tradición. Su mérito es haber combinado el conocimiento del pasado y proyectado su contenido hacia el futuro. No fue un creador, fue una suerte de tahúr que barajaba cartas marcadas y sacaba combinaciones nuevas de textos viejos, alimentado con madera antigua el fuego del naciente liberalismo.
Mi amigo Raúl Lecaros solía quejarse acerca que ya nadie conoce el Código tal y como está escrito, sino que se prefiere uno fantasma, creado por los civilistas de principios del siglo XX. Nuestra idea ha sido volver a las fuentes del Código, estudiar artículo por artículo el contenido del mismo y determinar de dónde viene cada una de sus disposiciones. Volver a trazar el camino inverso de la tradición y remontarnos en su curso hasta alcanzar las fuentes, sean romanas, medievales o modernas, de manera que las normas del Código adquieran profundidad. No pretendemos haber agotado el estudio de las fuentes del Código, es más, estamos plenamente conscientes de que faltan muchísimas. Lo que hemos dejado escrito es simplemente lo más evidente, pero creemos que constituye un buen punto de partida. Esperamos que muchas investigaciones comiencen desde estas bases.

En cuanto a la concordancia, la hemos hecho con esmero, intentando remontar nuestra dispersión legislativa y reagrupar nuestras instituciones alrededor de las disposiciones de nuestro Código.
Esperamos haber tejido una red de papel suficientemente apretada, como para capturar en ella a muchos tigres.
 

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