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Constitución de 1931. Derecho y cultura política

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El 28 de junio de 1939 Manuel Azaña escribió una larga carta a su amigo Ángel Ossorio y Gallardo desde su residencia de La Prasle, en su exilio en la Alta Saboya. En los recientes y trágicos "sucesos de España", el ya dimitido presidente de la Segunda República española no encontraba sino "un insulto, una rebelión contra la inteligencia, un tal desastre de lo zoológico y del primitivismo incivil, que las bases de mi racionalismo se estremecen". Esa España era la misma que entre 1898 y 1936 había deparado la más brillante expresión en la historia de su cultura, y muy especialmente de su cultura política y jurídica, plasmada en el sistema constitucional de 1931. Una España en la que, como decía José Moreno Villa, valía la pena vivir.
Constitución de 1931. Derecho y cultura política, propone una lectura del sistema político y constitucional republicano acudiendo a los testimonios directos de algunos de los protagonistas más relevantes de su vida pública, política y especialmente jurídica, desde Eduardo de Guzmán a Josep Pla, pasando por Ángel Ossorio y Gallardo, Francesc Cambó, Manuel Carrasco i Formiguera, Miguel Maura, Niceto Alcalá-Zamora, Luis Jiménez de Asúa, Alejandro Lerroux, Indalecio Prieto, Diego Martínez Barrio, Francisco Largo Caballero, José María Gil Robles, Manuel Azaña y Dámaso Berenguer. Pero también Ángel Herrera Oria, Luis Araquistáin, Marcelino Domingo, Manuel Giménez Fernández, Francisco Ayala, Álvaro de Albornoz? Una excepcional etapa de la historia cuyos protagonistas, como Azaña le decía igualmente a Ossorio y Gallardo en el comienzo del verano terrible de 1939, podían muy bien afirmar, contemplando su vida pública: "todo lo que soy lo llevo conmigo". Como la propia España constitucional de 1931.

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