Esta historia es antigua. Se puede discutir, y llegar o no a algún acuerdo sobre el origen de las ideas que rondan los conceptos de los derechos humanos como hoy los conocemos y que muchos aspiramos a practicar y a hacer valer. Alguien recurrirá al año 1948, cuando el 10 de diciembre en París se aprueban los treinta artículos de la Declaración de los Derechos Humanos. El contexto es el de la resaca que ha dejado la segunda Guerra Mundial y, especialmente, el Holocausto judío. Ese pasaje de la historia había puesto de manifiesto la violencia, la crueldad, la brutalidad a la que podemos llegar los seres humanos cuando las circunstancias favorecen que esa parte oscura aflore y se manifiesta a niveles pocas veces experimentados. Pero aquella barbarie no es lo único que define a la humanidad, y una muestra clara y palpable de eso es justamente la citada declaración, una reconciliación con la parte vulnerada de la historia.