Esta investigación explora y analiza el enfoque de la Educación Centrada en la Persona (ECP), destacando su potencial como estrategia transformadora para promover un desarrollo humano integral. A través de una metodología cualitativa basada en revisión de la literatura y análisis teórico-crítico, el estudio identifica los principios fundamentales de la ECP (autonomía, empatía, flexibilidad curricular y enfoque holístico) y el rol del facilitador como agente clave para generar procesos educativos inclusivos, empáticos e individualizados. Los resultados revelan que la ECP no solo optimiza los aprendizajes, sino que fomenta dimensiones socioafectivas y éticas en los estudiantes, superando los límites de modelos tradicionales de la educación. El derecho a la educación es un valor universal es fundamental para resolver problemáticas sociales y garantizar equidad y justicia social. Asegurar su acceso efectivo es clave para mantener el bienestar humano y lograr un desarrollo sostenible, conforme a lo señalado por la UNESCO (2020). Las conclusiones subrayan su relevancia en contextos contemporáneos marcados por la diversidad, proponiendo un marco teórico-práctico para su implementación en instituciones educativas. Este trabajo aporta evidencia sólida sobre cómo la ECP puede redefinir los paradigmas educativos hacia un humanismo pedagógico, con implicaciones para políticas públicas y formación docente. Por otra parte, se destaca la dimensión sensible del ser humano, dando sentido a la vida a través del aprendizaje, que va más allá de la adquisición de conocimientos, promoviendo el crecimiento personal en sus dimensiones social, afectiva, ética e intelectual, y conduciendo a un bienestar físico, mental y social.
Abstract
This research explores and analyzes the Person-Centered Education (CCE) approach, highlighting its potential as a transformative strategy to promote integral human development. Through a qualitative methodology based on literature review and theoretical-critical analysis, the study identifies the fundamental principles of CCE (autonomy, empathy, curricular flexibility and holistic approach) and the role of the facilitator as a key agent to generate inclusive, empathetic and individualized educational processes. The results reveal that CCE not only optimizes learning, but also fosters socio-affective and ethical dimensions in students, overcoming the limits of traditional models of education. The right to education is a universal value that is fundamental for solving social problems and guaranteeing equity and social justice. Ensuring its effective access is key to maintain human welfare and achieve sustainable development, as stated by UNESCO (2020), and the conclusions underline its relevance in contemporary contexts marked by diversity, proposing a theoretical-practical framework for its implementation in educational institutions. This work provides solid evidence on how CCE can redefine educational paradigms towards a pedagogical humanism, with implications for public policies and teacher training. On the other hand, it highlights the sensitive dimension of the human being, giving meaning to life through learning, which goes beyond the acquisition of knowledge, promoting personal growth in its social, affective, ethical and intelectual dimensions, and leading to physical, mental and social well-being.